7 de mayo de 2012

Monkey Business


El homínido quiere fama. Su ego sufre cuando vuelve a ver aquel amor que dejó escapar, sonriendo feliz junto a un hombre, idéntico a todo lo que él le había asegurado sería junto a ella. La soledad, los años y el hastío embargan su razón pero una calculada y adiestrada ansia de protagonismo domina cada uno de sus pasos, al no poder controlar la vehemencia de comunicar su llegada a la isla. Confunde las señales de su instinto de supervivencia trasteando en su agenda, jugando con el whatsapp al intentar recuperar un amor perdido o al insistir en una relación de confianza conmigo, sin haber interpretado el poder de querer algo y dejarlo libre para que, eventualmente, regrese a tí.
Es curioso... recibo tus mensajes escritos llenos de cordialidad y buenas maneras desvelando tu coartada, cuando la última vez que me crucé contigo el verano pasado me despedías llamándome falsa al oído, al responder a la pregunta de por qué te ignoraba.
Es molesto... eres muy molesto al empecinarte con pausas desde hace más de tres años y demostrar hoy haber hecho oídos sordos, cuando expuse que no te saludaba porque me importa absolutamente nada de tu vida y mucho menos, que sepas algo de la mía. La ingratitud en esta nueva etapa de mi creación paga un precio muy alto; comprende que ya no es nada personal, sino... solo negocios.
Si te sirve de consuelo, a mí también me excluyeron e ignoraron varios hombres (y mujeres) durante este tiempo de mi vida y no dudo que lo vuelva a vivir, alguna que otra vez más; pero si sostengo el dolor del rechazo lo enquistaría en rencor y como bien sabes, ya solo podría quitarlo de mi cuerpo a través de una complicada operación, que puede quedarse con mi vida. Las heridas conseguidas a tu lado nunca se infectaron con tus retorcidas palabras y ya se han curado hace mucho rato, aunque aún llevo conmigo las cicatrices como recuerdo de los errores que no debo volver a cometer. Tu tramoya es una vieja conocida de mis libretas, tu careta parte de retratos que aún examino y tu letra, piezas de un fatigoso rompecabezas que concluí cuando me separé para siempre de tu ladina opresión.
¿No lo sientes? El ambiente del aire cambia, las calles huelen diferente, el mar se templa, la gente comienza a volver a la isla, los hoteles se sacuden el polvo, los árboles rocían polen y un año más, comienza la temporada de verano en La Roca. Llegan caras nuevas, conocidas, familiares, amigables, unas pocas que deseo no tener que ver y solo una que espero poder reconocer al encontrarla. Pero las estaciones cada año se repiten y a su vez, se transforman... aunque tú puedas seguir creyendo en una realidad donde nada ni nadie, puede cambiar. Piénsalo; deja ya de imitar y explota tu creatividad porque si no te renuevas, envejecerás, sufrirás o te agotarás.




 Creative Commons License

18 de abril de 2012

Yo me casé por papeles

Cuando le conocí, estaba despistada.
Aún resonaban en mis oídos las palabras de mi ex al dedicarme aquella canción y me resultaba bastante difícil concentrarme en como era él, siendo mucho más tentador dejarme llevar por lo que, imaginaba, podíamos hacer juntos. Muchas de las cosas que él hacía me disgustaban o dañaban pero en aquella época, pensaba que su actitud cuando estábamos con gente, no era parte de su verdadera forma de ser. Tardé demasiado tiempo y lágrimas en entender las excusas que yo misma argumentaba para no dejarle tirado a su propia suerte, sin que tuviera ya un sitio seguro donde esconderse, de como trataba a los demás.
Cuando finalmente lo hice y gracias a la distancia que antepuse a mis sentimientos, pude ver cómo mientras amaba a otras, lo patético, falso y liante que podía llegar a ser, al estar en pareja. Sin dudas, el tiempo fue el único que me permitió conocer cómo era en realidad y la única manera de vivir ese tiempo, en cualquier parte del mundo que no fuera Argentina, solo era posible si nos casábamos. El amor nunca tuvo protagonismo en este trámite pero tampoco la economía; casarme con Tibio era un pasaporte para conocernos en libertad, porque desde que habíamos comenzado a compartir el camino, no había conseguido enamorarme. ¿Si lo amé, te preguntas? Claro que lo amé, pero nunca estuve enamorada de él.
Quizás fuera por esto la rabia que siempre sintió dentro suyo y lo único que lo mantenía a mi lado, era su perverso ego, empecinado en conseguir algo que no merecía y tampoco se esmeró por merecer. Sus mofas, su desconfianza, su miseria escondida entre sms y chats me perseguían, hasta que no pude soportarlo más. Cerré el chiringuito que le daba de comer a su película año tras año pero aún así, tuve que aguantar su fantasma, asustándome de vez en cuando. Fue duro comprender que con el tiempo no te enamoras sino que solo encuentras el amor; a veces, un amor que en mi caso, al no ser correspondido, me enseñó la verdadera lección del desamor. 

¿Qué haces cuando se te cae encima un desamor? Cuando alguien cesa en el amor, es muy difícil sustituirlo por otro amor de signo contrario y de la misma intensidad. ¡No puedes! No tienes ganas de hacer nada. Solo se puede hacer eso si cambias al mismo tiempo de entorno, si eres capaz de desaprender, si eres capaz de cambiar de universo.... Y entonces, si desaprendes, estás preparada para amarEduard Punset

Porque la historia dice que ames a tu prójimo como te amas a ti, no que lo ames más y mejor que a ti mismo. Mi precoz adolescencia me llevó enamorada a una juventud, donde comencé a plantearme si el camino que estaba eligiendo mi amor, era el mismo que yo deseaba; a pensar qué era lo que me gustaba hacer a mí, de todo lo que venía probando. Primero, identifiqué lo que no me gustaba vivir y esto mismo me llevó a terminar una pareja para poder analizar, qué tenía que ver el amor en todo esto.
Llegué a encontrar algunas pistas cuando pensé que nadie podría saber cómo enamorarme si yo no descubría mi propia pasión, porque de no hacerlo, volvería a gastar mi tiempo en tramitar visados en pasaportes, que no están disponibles para acompañarme hasta mis sueños.

 

Pin It Creative Commons License